TOMATEROS Y NARANJEROS, BAJO PRESIÓN

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“Empezar con el pie derecho”, es vaticinio de éxito o “no todo lo que brilla es oro”, dirían otros. Nada es más difícil en el beisbol que mantener la constancia, aun en formidables temporadas.

Según hoja de cálculo computarizada es imposible que el primer lugar de la primera vuelta en la LMP quede eliminado de correspondientes Fiestas de Enero. Contrario a la suposición por 11 puntos garantizados (8 en primera y 3 en segunda vuelta), se debe a “mitades” disparejas: 35 y 33 juegos bajo mismo orden. Dicha relación cibernética demuestra que tampoco el segundo lugar queda fuera. Por lo pronto no ha sucedido en 22 temporadas que se ha jugado con el sistema, rol de 68 fechas y aun con medios puntos que supuestamente son más maquillaje que realidad. No olvidar que la primera forma de desempatar la puntuación total es el standing del rol completo.

 

Águilas de Mexicali, lo mejor

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Al concluir la primera parte 2015–16, nadie lo hizo mejor que los Águilas de Mexicali (22–13, .629), arriba de .600 desde el primer día. Ni siquiera han perdido más de 2 juegos en fila, y 2 veces nomás. La agresividad mostrada es tan impactante que sería difícil recordar un equipo que no haya bajado de .300 en bateo (.310), más de mes y medio, salvo en la era de anabólicos. El promedio de bateo más alto de la historia es .300 exactos por Hermosillo en 1986–87. Par de décadas después, Vinicio Castilla declaró que la ofensiva de anaranjada, eventual campeona en 2000–01 era la mejor donde haya militado en la LMP. Después de perder el primero de la Gran Final ante el gran pitcheo de Mazatlán, barrieron en los 4 siguientes —rara hazaña— y el último día de la Serie del Caribe en Culiacán se escapó la corona frente a Dominicana. Cosecharon robusto .289 en rol regular que entonces fue la friolera de 39 milésimas sobre el segundo, Mexicali.

En 4 ocasiones el cetro individual de bateo ha quedado arriba de .400, con la marca de todos los tiempos en .415 por Héctor Espino, 1972–73. A reserva de confirmar, es casi seguro que nunca el campeón ha mantenido un average de .400 o más, sin bajar desde el juego inaugural. Wellington Dotel iba en ruta, después de debutar de 4–2, 10/12 en la frontera; pero el reciente 17 y 18, Culiacán lo dejó de 9–0 en últimos turnos cayendo a .385, aun en la cima. De paso Dotel encabezaba la liga en varias categorías, entre ellas 7 triples a 1 del récord de Raymundo “Ray” Torres (1979–80, rol de 74 juegos). Aparte con 55 hits en 35 cotejos. De conservar el paso cerraría con 107. Último en conseguir la centena, y exacta, fue Alonso Téllez, 1991–92 (78 fechas). Al margen, Mexicali concluyó la “mitad” con 16 triples a 11 de otra añeja marca: Hermosillo en 1979–80.

 

Las revelaciones

Cada campaña hay protagonistas y/o equipos reveladores, provocando grandes expectativas como esas. En 2012, Cory Aldridge (Culiacán) cerró octubre con 10 HRs o desde el 30 cuando también sumaba 20 producidas. Se coreaba que al menos empataría el récord de Ronnie Camacho, 27 HRs en 1963–64, igualado por Bobby Darwin en 1971–72. El moreno acabó con 19 y 42 remolcadas, ni siquiera de líder: Jessie Gutiérrez (20) y Bárbaro Cañizares (66). De no recordar, Héctor Espino impuso el registro de 83 impulsadas en 1972–73 que es inalcanzable en el presente por ser en 84 partidos. En perspectiva, en el siglo XXI el mayor número de producidas en un mes, de no errar son 34: Carlos Valencia, diciembre de 2009. Si alguien sostuviera el mismo paso de “El Chapis”, considerando que fue en 28 fechas, aún se antoja imposible pues completaría 82. Entonces encabezó el circuito con 63.

 

Javier Solano, el lanzador

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Tocante al pitcheo, Javier Solano (6–1, 3.38), de Mexicali, está en un año muy especial. De entrada, compila 19–4 (2.96) desde que es abridor o 9/11/2013. Desde que Cecilio Ruiz (Yaquis) fue líder con 11 triunfos (1991–92), también el mejor de efectividad (1.87) y chocolates (91) o lo que mundialmente, a excepción de México, representa la triple corona —LMB y LMP por añejo error sustituyen victorias por promedio de ganados y perdidos—, nadie ha pasado de 10; última vez, Jorge Campillo en 2004. Campillo llegó al quiebre (22/11), con 7–0. Si el sonorense evita lesiones, no falla a un turno en la rotación, abrirá de 6 a 7 veces más. Con decisiones en cada apertura a la fecha, ¡tiene la mesa puesta!

 

¡Fuerza verde!

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Plagado de juventud, el roster de los Cañeros conlleva el primer par de veteranos de todos los tiempos, que activos han cosechado más de 110 jonrones: Ramón Orantes (124) y Saúl Soto (123) y en el mismo club. Aquel acaba de pasar de 1,000 hits (13ro.), colocado entre lo mejor de varios departamentos de por vida. También son el único remanente de la corona esmeralda en 2002–03 y representando una inspiración, será la última oportunidad ya que Orantes anunció su retiro luego del presente calendario, al menos de invierno. Tal vez la principal arma que lucen estos Cañeros es que el mito del parque embrujado (Emilio Ibarra A.) es historia, con una de las mejores defensivas y discutiblemente la de mejor alcance, gracias a esa gama de noveles protagonistas que ha mantenido a Los Mochis en primeros lugares desde el arranque.

 

“El Negro” de Guaymas

De las fiestas de enero de 2005 a 2010, Mazatlán ligó 6 finales (récord), ganando 3, más un cetro en Serie del Caribe. La fórmula fue el máximo pitcheo del circuito. Por primera vez desde entonces ahí está colocado (3.47), aprovechando la bondad de su estadio. No todos lo hacen; pero además, también con gran camada de jóvenes valores es la dirección de Miguel Ojeda lo que significa aún mayor ventaja. Conoce el sistema perfecto para explotar las ventajas y prueba es que cerraron la primera parte del calendario no sólo con el mejor récord de anfitrión (14–5) sino viendo truncada una seguidilla de 9 victorias caseras; quizá una marca en revisión, aparte de 9 triunfos sucesivos, donde quiera.

 

Charros, ¿refuerzo de Miguel Olivo?

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Los Charros han puesto a prueba nuestra teoría del cono. El terreno en forma de diamante —no solo infield—, parece al cono de nieve. Su vértice es lo más importante para el éxito. Quien dude que la receptoría es óptima clave del deporte rey, al menos en Grandes Ligas solo Baltimore en 1966 pudo coronarse con un catcher novato. O sea que de cortar el vértice del cono la nieve se derrama. El receptor es el único que ve todo de frente, único en terreno de foul, con vista divergente, maneja cada pitcheo a sabiendas de que se lanzará. Nunca da la espalda al resto, en terreno “fair” o salvo para fouls. Es el director de la orquesta y por eso hay tantos mánagers y de los más exitosos que son exreceptores. Pero Jalisco se mantiene firme con más de un mes para que la directiva logre el regreso de Gabriel Gutiérrez o consiga un suplente de experiencia. Había rumores que reportaría el dominicano, Miguel Olivo. Sería excelente.

 

Se llama Christian Villanueva

De golpe y porrazo, los Yaquis han conseguido lo que parece un reemplazo de resultados como dieran Bárbaro Cañizares y Agustín Murillo; pilares del tricampeonato. Se trata del jalisciense, Christian Villanueva, quien de 24 años solo mejorará. Lideraba la tribu en varias categorías, solo o compartidas (.382, 46 hits, 6 dobles, 17 BBs, 5 bolazos) junto a estar entre los 3 mejores de otras (22 carreras, 16 producidas, 68 bases totales); pero por encima estaba su OPS de 1.025. Es la suma del promedio de embasado (.473) más bateo de poder (.553). En Ligas Mayores un registro de .900 es sobresaliente y a la conclusión del primer tramo, era número uno del circuito seguido por Wellington (.992); ¡O sea el único, mejor y arriba de 1.000!

 

Mayos, peligran calificación

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Desesperadamente, los Mayos buscaban a un cuarto bat y como piezas del dominó, de hallarlo es probable que todo se acomodara. Es que ni dar elevados de sacrificio habían podido: 3 vs 19 de Jalisco. Sucedió algo parecido en el rol 2013–14. Poco después de reportar John Lindsey y ser colocado en el lugar de honor, aquella inofensiva alineación de Navojoa sorprendió a todos estableciendo el récord de más HRs en postemporada (35), perdiendo en la Gran Final que fue al máximo, cerrando en Hermosillo. Pero Lindsey se ha retirado y encontrar un bat de tal impacto, no será fácil. Conste, aquella vez los Mayos sufrieron con poroso fildeo (56 errores); ahora brillaban con solo 25 (Charros y Águilas, los mejores con 23), dejando el primer lugar defensivo el último día donde cometieron un par y les costó caer al sexto lugar del standing o lo que es gran riesgo de no calificar a postemporada.

 

Culiacán y Hermosillo, en el sótano

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Culiacán y Hermosillo, los equipos con mayor número de banderines en la Liga Invernal (LMP), cerraron en séptimo y octavo lugar la primera vuelta, aunque invertido, desde 1988–89 cuando la liga cambió de 10 a 8 clubes; pero solo 4 calificaban. Es curioso que par de años antes (1986–87), también sucedió; pero entonces avanzaban 8 de 10 clubes. Había 3 rondas de postemporada. Es probable que los Naranjeros nunca hayan repetido de forma consecutiva sin playoffs. Es lo que enfrentan esta vez; pero pensar que ni uno ni otro harán lo indecible por mejorar, sería difícil de imitar. ¡Cuidado!, pues por recursos no faltará con sus flamantes nuevos y modernísimos estadios, donde por cierto abrieron el tramo complementario. Una ventaja de arranque, al menos…

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