LA VERDAD DE LOS CUBANOS LOS SUEÑOS DE FIDEL Y RAÚL

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SHEA STADIUM, Flushing.-Coral Gables, Florida (VIP-WIRE). Raúl Castro presiona al comisionado Rob Manfred para que se establezca un sistema de negociación de peloteros. Propone el gobernante cubano terminar con las evasiones legalizando los contratos, y exige el 25% como impuesto.

Cuba fue el comienzo de la historia del beisbol en Latinoamérica, y es tan potente este deporte espectáculo, que es lo único del imperio aceptado por los hermanos Castro.

Una confesión de quien fuera lanzador y mánager de los Astros, Larry Dierker, es el comienzo de uno de los libros más apasionantes acerca del beisbol cubano.

«Cuando regresé de lanzar en República Dominicana en el campeonato 1967–68, estuve pensando en escribir una novela acerca del beisbol de invierno», dice Larry Dierker en la presentación de «Full Count, Inside Cuban Baseball», editado en 2000. Pero después rectificó…: «Tras leer esta obra de Milton A. Jamail, dudo que llegue a intentarlo siquiera».

Milton hizo un estudio profundo, muy profesional, y lejos de la politiquería, por lo que uno siente confianza y experimenta deleite en la lectura de las 182 páginas.

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Cuenta Milton de Esteban Bellán, el cubano primer nativo de Latinoamérica en las Grandes Ligas. Porque jugó con los Troy Haymakers de 1871, y el 82, y con los Mutuals de Nueva York en 1873. Eran equipos de la National Association, la máxima, primera y única liga de la pelota profesional en Estados Unidos por aquellos días, cuando aún se jugaba sin guantes y con el receptor a varios pasos tras el home.

Escribió Milton también…: «En enero de 1999, los Orioles de Baltimore recibieron la luz verde del Departamento de Estado para realizar dos juegos de exhibición con la Selección Nacional de Cuba… Llegué a La Habana, sólo dos días después que la visita de los Orioles fue aprobada. Los fanáticos del beisbol estaban emocionados, pero cautelosos en sus expectativas, porque habían sido engañados en numerosas oportunidades. También estaban molestos porque los boletos solamente se suministrarían a la gente del gobierno y, peor aún, los venderían a los turistas».

Se lee en esta obra cómo Fidel estuvo sentado al lado del comisionado Bud (Postalita) Selig y del propietario del club de Baltimore Peter Angelos, en aquella tarde dominical, «mientras el beisbol de Grandes Ligas permanece siendo tabú para los medios cubanos».

El texto de Jamail tiene esos toques de la realidad cubana, las cuales a nadie pueden ocultarse, pero sin sabor alguno de la desagradable politiquería que han llevado otros autores a sus páginas. El libro es acerca del beisbol, y a él se dedica ciento por ciento.

Uno encuentra vaticinios como éste…:

«Cuando las relaciones entre los dos países mejoren, Cuba se convertirá en el proveedor número uno de peloteros profesionales para Estados Unidos. Es decir, el país mayor productor de peloteros del mundo, fuera de Estados Unidos, se reunirá con el país mayor consumidor del beisbol».

No encontré, sin embargo, en estas páginas, que La Habana, sin las limitaciones socialistas para con el deporte profesional, podría ser una buena y cercana sede para un club de Grandes Ligas. No un club puramente cubano. En el beisbol profesional, y especialmente en el de las Mayores, es imposible armar un roster razonable si se cierra el ingreso al talento venga de donde venga.

Milton ha visitado a Cuba docenas de veces. Por eso tiene este divino material, que incluye el capítulo del beisbol profesional cubano. Edel Casas le contó en 1992 que «la primera Liga Profesional de Cuba fue organizada y fundada en 1878, veinte días antes de que Cuba lograra la independencia de España, y que Cuba fue el segundo país del mundo, después de Estados Unidos, en jugar un campeonato de este tipo».

Por supuesto que aparecen las historias de Emilio Sabourín, uno de los más insignes precursores del beisbol en Cuba, de Armando Marsans, pionero entre los bigleaguers. Y desde luego, recuerda la mentira de que Fidel pudo ser firmado.

El cuento…: «Joe Cambria (scout) de los Senadores de Washington, conoció a Fidel en 1942 o en 1943, cuando estaba en sus 16 o 17 años de edad. Era lanzador derecho, y Cambria le ofreció un contrato, pero Fidel no aceptó», explicó Casas.

El único deporte que practicó Fidel fue basquetbol. Pero sí se hizo fotos como si bateara, igual que se las hizo tomar al «Che» Guevara. Esas gráficas los delatan como ignorantes del bateo. El único de ellos que sí jugaba beisbol era Camilo Cienfuegos, quien era receptor de muy buena calidad.

«En Cuba, el beisbol es más que un deporte. Es parte de nuestra cultura, es parte de nuestro orgullo nacional»… SIGFREDO BARROS, periodista del Granma.

«La prostitución en Cuba es muy agresiva, como nunca vi en mis treinta años de viajar por Latinoamérica. Y me pregunto…: ¿Por qué el gobierno objeta la venta de los peloteros bajo contratos, mientras parece no tener problema alguno en dejar que las jovencitas cubanas vendan sus cuerpos?»… MILTON A. JAMAIL, en su libro Full Count, Inside Cuban Baseball.

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