Dos lanzadores de Yankees cambiaron hasta las esposas

Vene

Lo próximo en las Grandes Ligas serán los entrenamientos 2016 en Arizona y Florida, o el spring training, como decimos quienes no entendemos el inglés, pero presumimos de que sí.

Y en los entrenamientos de los Yankees de 1973 ocurrió el hecho más escandaloso en 145 años que van de Grandes Ligas.

Los Yankees entrenaban por aquellos días en Fort Lauderdale, preciosa población costeña, al este de Florida, a 44 kilómetros de Miami.

Las seis semanas de entrenamientos son inquietantes y muy interesantes para los reporteros, porque constantemente surgen noticias rutilantes. Igual se anuncian las llegadas a las Mayores de prometedores novatos, que el retiro de quienes descubren ya no poder con esas responsabilidades. Se anuncian lesiones, venta de franquicias, matrimonios y divorcios.

Pero jamás ha habido noticia más inaudita, inverosímil, sorpresiva, que la del cinco de marzo de aquel año ’73.

Habíamos amanecido con sol brillante, generoso, pero anunciaban lluvias para la tarde, por lo que esperábamos siquiera un mediodía de buen beisbol. Apenas comenzaban las actividades matutinas de costumbre, como bateadores frente a máquinas de lanzar, infielders recogiendo roletazos, lanzadores trotando cien metros para devolverse caminando, cuando a las 9:30 de la mañana apareció un anuncio en la oficina de prensa…:

«Se emitirá una información para los reporteros a las 12 del mediodía, en el área centerfield-leftfield, cerca de las bardas del estadio».

Nos llamó mucho la atención que esa conferencia con los periodistas no fuera en el clubhouse o en la oficina de prensa, como era costumbre. Nunca antes nos habían convocado para algo así.

Después nos enteramos que eso obedeció a que no se trataba de una actividad del equipo, sino de algo particular de dos de sus peloteros, los lanzadores zurdos de la rotación Mike Kekich y Fred Peterson.

Ahí estaban las dos parejas con dos hijos cada una, todos menores de seis años, los dos maridos uniformados; cuatro perros, dos de cada matrimonio y dos pares de maletas.

Los cuatro adultos sonreían. Los cuatro niños estaban sorprendidos, temerosos, fastidiados. De pronto habló Peterson, cuya esposa era llamada Marilyn…:

«Buenos días amigos… Los hemos citado para simplificar la información que necesitamos darles. Mi querido amigo Mike y yo hemos decidido cambiar las esposas, los hijos, las casas, los perros y hasta las maletas. Ahora Susanne, quien venía siendo la esposa de Mike, es la mía. Nos casaremos pronto».

«Pero, ¿por qué?», clamó más que preguntó, uno de los reporteros.

Los cuatro sonrieron. Y habló entonces Mike…: «Nos enamoramos cruzados. Siento que adoro a Marilyn y ella me ama, mientras que Susanne está locamente enamorada de Fritz y él de ella también. No hemos cambiado sólo esposas, hemos cambiado nuestras vidas».

En seguida recalcaron que lo cambiaban todo. Las dos niñas de pocos años de Kekich se iban con Peterson y los dos niños de Peterson con Kekich.

El gerente general de los Yankees para la época, Lee MacPhail comentó…: «Creo que debemos llamar esto El Día de la Familia».

Todo había comenzado un año antes, en 1972, cuando como un chiste, ensayaron una vez con el wife-swapping. Después, Marilyn dormía muy a menudo con Kekich y Susan con Peterson. Se acostumbraron. Al comenzar 1973, decidieron hacerlo todo público y notorio.

La gente de la prensa se asombra poco, porque en esta profesión se suele esperar cualquier cosa por inverosímil que sea. Pero aquella vez ningún periodista podía creerlo.

Pocos días después las dos parejas se divorciaron. Y en seguida se casaron Fritz y Susanne, quienes han llevado hasta ahora una vida de buen matrimonio. Pero Mike y Marilyn no congeniaron y en pocos meses ya estaban separados.

En las oficinas de los Yankees no estaban nada agradados con el movimiento de las dos familias. En junio del mismo año ´73, enviaron a Kekich a los Indios por un pitcher llamado Lowell Palmer, quien nunca jugó en El Bronx, pero estuvo en Grandes Ligas cinco años con Phillies, Cardenales, Indios y Padres. A Peterson lo mandaron también a Cleveland, junto con Steve Cline, Fred Beene y Tom Buskey, por Chris Chambliss, Dick Tidrow y Cecil Upshaw.

Peterson ha sido uno de los zurdos de mayor control en la historia. Tanto, que antes de sus juegos solía calentar por zonas. Es decir, mentalmente dividía el home en cuatro, las dos esquinas y dos cuartos interiores, para tirar determinado número de lanzamientos sobre cada área. Lanzó en las Mayores hasta 1976, y terminó su carrera de 11 temporadas con récord de 131-131, 3.30. Después se convirtió en predicador, y es un activo ejecutivo de la Baseball Chapel, fundada entre otros, por el periodista Walter Spoelestra, para poner al alcance de los bigleaguers oficios religiosos cristianos.

Kekich se retiró después de la campaña de 1977, tras nueve años en Grandes Ligas. Sus números son 39-51, 4.59. Desde entonces le han ocurrido numerosos infortunios.

Fue a lanzar a Venezuela con las Águilas del Zulia, y durante un juego hubo una pelea multitudinaria. El salió del dugout, pero no a pelear, sino de pacificador. Abrazó a un compañero de equipo por la espalda, tratando de separarlo. El otro, ignorante de quién lo agarraba así, dio un codazo hacia atrás que alcanzó a Mike en el lado derecho del abdomen. Sufrió tales lesiones en el hígado, que fue intervenido quirúrgicamente y estuvo hospitalizado hasta después de terminado el campeonato.

Después lo contrataron para jugar en Dominicana, y allá decidió estudiar medicina para especializarse en siquiatría. Por eso se inscribió en la Universidad de San Pedro de Macorís, de la cual egresó graduado. Pero días después de recibir el título, las autoridades anularon todas las graduaciones de esa institución, por considerarlas fraudulentas.

Entonces Mike se entusiasmó con la aviación, y se hizo piloto de avionetas. Compró una y pasaba horas diarias en el aire, hasta que una vez, cerca de Seattle, se encontró en pleno vuelo con que no tenía gasolina. Comenzó a planear, y buscaba un sitio despejado para intentar el aterrizaje. Pero no encontró ninguno. De pronto se fue abajo el aparato, y quedó enredado en las copas de unos árboles muy altos.

El golpe por tal arborizaje causó daños en el fuselaje que no le permitían salir de ahí, y que le dañaron el sistema de radio. Por eso no podía comunicarse para pedir auxilio. Sin embargo, como no cumplió en tiempo prudente con su plan de vuelo, el personal del aeropuerto donde debía aterrizar dio la alarma, y comenzaron a buscarlo.

Lo localizaron a la mañana siguiente. Mike permanecía dentro de la avioneta, y había mitigado el hambre y la sed porque llovió durante la noche, y pudo lograr algunos sorbos de agua. Al llamado del piloto de la avioneta que lo encontró, acudió un helicóptero para tratar de rescatarlo con cuerdas. Pero no había cómo lograr que él pudiera cooperar agarrando la soga, y menos asegurándosela al cuerpo.

Cuando ya anochecía nuevamente, llegó al lugar, por tierra, un especialista en el ascenso de árboles, y fue quien pudo llegar al aparato y sacar a Kekich. Los médicos le encontraron sólo heridas leves, algunos moretones y síntomas de deshidratación.

Mike Kekich, ya retirado también de la aviación, vive en Seattle, y se dedica a la distribución de cerveza al por mayor.