¿Cuáles son los juegos más perfectos en la historia del beisbol?

Juego perfecto Fb

Con más de 140 años de historia, el deporte rey ha trascendido contando con su propio diccionario. Creado por Paul Dickson en 1999, describe el juego perfecto:

«Un sin hit ni carrera donde ningún jugador oponente alcanza la primera base, sea vía hit, base por bolas, bolazo o error de fildeo; el pitcher o pitchers retiran 27 bateadores en orden».

En Grandes Ligas van 23 entre más de 200 mil celebrados, incluyendo el único de postemporada por Don Larsen de los Yanquis, quinto encuentro de la Serie Mundial 1956. Irónicamente, razón por la cual finalmente nunca reportó ese invierno con los Yaquis de Ciudad Obregón, en la vieja Liga de la Costa del Pacífico. En la Liga Mexicana del Pacífico hay 3; 1971, Vicente «Huevo» Romo; 1989, Jesús Moreno; y 2006, Joakim Soria.

De la Liga Mexicana de Beisbol su enciclopedia enumera 11; pero cumpliendo con la exigencia del diccionario, 2 de rol regular (1972, Ramiro Cuevas; y 1978, Horacio Piña), más otro de playoff (2006, Óscar Rivera). Otros 8 han sido retirados a menos de 27 ofensivos, por ende en menos innings. Ahora bien, ¿habrá mejor perfección o es también retar la terminología? ¿Un encuentro con la menor cantidad de imparables, por ambas escuadras? O mejor, ¿Cuál será la menor cifra de embasados en juego de 9 entradas?

Lee Richmond, del Worcester, registró el primer perfecto de la historia: 12 de junio de 1880. El mismo año que la entonces Liga Nacional, única existente, decidió cambiar que en lugar de 9 pitcheadas fuera de la zona de strikes a 8 para una base por bolas. Paulatinamente fue bajando hasta establecerla en 4, desde 1889. Ese día que obviamente Richmond no permitió corredor alguno o retiró a los 27 bateadores en cadena, su antagonista, Jim McCormick, de Cleveland, aceptó 3 inatrapables, dio una transferencia y la única carrera del marcador fue por 2 errores; 1–0, embasándose 6.

El último perfecto data del 15 de agosto de 2012, por Félix Hernández, en Seattle, contra Tampa Bay. «El Rey» criollo ponchó a 12 Rays. Su rival, Jeremy Hellickson, sostuvo el duelo que quedó también en 1–0, admitiendo 5 incogibles con par de sencillos en la tercera, por Brendan Ryan que anotó más otro de Jesús Montero que lo empujó, luego que Ryan se robara la segunda base y llegara a la antesala por «wild-pitch». Hubo un boleto gratis y un pecado que no impactaron la diferencia. Par de meses antes (13 de junio), Matt Cain, en San Francisco, obtuvo su perfección de 10–0 mientras que en la labor combinada por el staff de Houston, cedieron 15 hits, 2 transferencias o 17 embasados.

La mayor perfección en la historia de Grandes Ligas ocurrió el 9 de septiembre de 1965. Escuchamos la brillante obra en su totalidad, con un radio de transistores –de no errar, no había audífonos-, colocado debajo de la almohada porque desde las 21:00 horas apagaban las luces del internado en St. John Bosco High School, de Bellflower, California. Los hermanos salesianos eran muy estrictos y cualquier ruido después de esa hora era motivo de rápida revisión y probablemente un castigo. Sin embargo, entonces la pasión beisbolera era incontrolable y con un pañuelo en la boca evitábamos cualquier expresión de emoción. Los Cachorros visitaban a los Dodgers, que estaban en su mejor momento con aquellas escuadras de superlativo pitcheo, excelente fildeo con gran velocidad y oportuno bateo. Los dirigía el futuro inmortal, Walter Alston, que estuvo al frente de la franquicia por 23 temporadas, en Brooklyn y Los Ángeles. De costa a costa fueron 23 distintos contratos.

Los Dodgers habían cedido un día antes el liderato de la Nacional, pues entonces no había divisiones, a los Gigantes por sólo 2 milésimas. El incomparable, Sandy Koufax, tenía récord de 21–7, 2.20, en ruta a imponer marcas personales, ganando su segunda triple corona: 26 triunfos, 2.04 de efectividad y la máxima cantidad de chocolates de todos los tiempos, 382; récord que superaría por única vez en la historia Nolan Ryan en 1973: 383. El también zurdo Bob Henley era su antagonista. Tenía de 2–2 y 8.22, habiendo perdido su lugar en la rotación salvo ocasiones especiales. Nadie sabía que esa sería de las más impactantes. Aunque no lo crea, entre ambos retiraron a los 27 primeros bateadores: 15 ante Koufax en 62 pitcheadas, siendo que Henley había despachado a 12 locales en apenas en 30. Cierto, por aquellos días no era común contabilizar los lanzamientos sino que posteriormente con los videos se confirmaron. Pero, el abridor de Chicago abrió la quinta dando una base por bolas al veloz Lou Johnson.

Al siguiente pitcheo, Ron Fairly, que era un favorito de la afición angelina, se sacrificó. Vino otra pitcheada en la cual Johnson tuvo gran salto en su intento de robo. Chris Krug era el segundo catcher de los oseznos. Al ser derecho, el mánager, Lou Klein, decidió darle descanso al zurdo Vic Roznovski. Fue factor importante ya que Krug hizo un tiro alto, que el antesalista y futuro inmortal, Ron Santo, no pudo detener al ser sorprendido por Johnson. La bola se internó al jardín izquierdo. Lou se incorporó luego de la barrida, siguiendo hacia el plato. Por cierto, después del juego, Santo confesó más sobre su primer turno al bat: «Fueron 3 balazos que sólo oí: Whish…, Whish…, Whish». En realidad elevó de foul al catcher; pero ciertamente ante 3 rectas. Finalizó: «Siempre sabías al enfrentar a Koufax que sería muy difícil; más que ante cualquier otro. Ese día daba la impresión de estar tirando más duro, aunque batallando un poco con su comando que te pone más nervioso. Un bolazo de él te puede matar».

Henley completó el rollo ponchando a Jim Lefebvre y rola 1–3 de Wes Parker. Koufax dio muestras de empezar a mejorar. Retiró la sexta en 13 tiros sin salir la bola del cuadro; pero Bob se asentó y en 5 despachó el cierre. Tres oseznos más desfilaron en la séptima alta y fue hasta en la baja cuando vino el único imparable. Con 2 fuera, de nuevo Lou Johnson y en cuenta de 1–0 dio un podrido atrás del primera base, Ernie Banks, otro futuro inmortal, quien era el bateador que más había enfrentado a Koufax y cargaba ya con par de chocolates. Cuando la bola rodó a terreno de foul, Johnson no paró llegando a la intermedia. Tampoco pasó de ahí. Koufax no se anduvo con medias tintas: ponchó a los 3 de la octava con 10 ofrecimientos, entre ellos Banks, coleccionado el tercero en la novena, Klein intentó romper el embrujo enviado a 2 emergentes, luego que Krug, quien había dado el batazo más peligroso del juego —al callejón del central derecho—, recibió un chocolate: Joey Amalfitano por Don Kessinger y Harvey Kuenn por Henley. Para entonces Sandy había hecho 107 pitcheos y su recta seguía siendo tan fuerte que al primer balazo, el siempre bromista, Amalfitano le dijo al ampáyer principal, Ed Vargo: «Sonó alto». Koufax cerró con 6 de sus 14 ponches, incluyendo a Kuenn, a quien había dominado también para el out 27 en su tercer juego sin hit ni carrera. Pero este era el juego más perfecto de la historia. Un solo hit y una base por bolas entre 53 que aparecieron en el plato; 51 oficiales.

 

¿Juego más perfecto de la LMP?

Slider venados

El 16 de diciembre de 2007 fue una jornada muy especial. Salvo correcciones futuras, la guía oficial lo tiene registrado como el juego de menos hits en su historia de 58 años. Sería parte de otra «guerra civil».

Hacía 24 días que Eddie Díaz había reemplazado en el mando al queridísimo ídolo de los Venados, Juan José Pacho. Los Tomateros habían decidido dar las gracias a Marco A. Guzmán poco después (13 de diciembre). Karim García estuvo de interino por un cotejo, mientras llegaba Tim Johnson, un día antes del suceso. Por Culiacán abrió Sergio Lizárraga. Por Mazatlán fue Pablo Ortega, pegaditos los clubes por un boleto a las Fiestas de Enero: 32–26 y 31–25, respectivamente. Ortega dio un pase a Max León, primer bat del partido, quedando con suspiros en la intermedia. Sólo un bolazo a Jonathan Aceves permitió otro corredor hasta la séptima que Karim García empezó la tanda con triple. Para esto, Lizárraga en 6 completas había regalado 2 pasaportes que defensivamente fueron retirados y sencillo de Héber Gómez en la quinta con 2 outs; no se movió de la inicial.

Con Karim en la antesala y sin out, Rubén Rivera dio rola 5–3 (Sergio O. Gastélum a Daniel Fornes), sin poder anotar. Buscando la doble matanza, Díaz ordenó pase intencional para Casey McGehee; pero Ortega se descontroló regalando boletos a Nate Gold que estaba en apenas su décimo juego con los guindas y Danny González que tenía 3 hits en sus 15 últimos turnos oficiales. Entró la carrera de caballito, quedando el juego 1–0. El ganador, Lizárraga (2–1), ya no salió para la séptima, relevado por Arnold León (1 IPs), Francisco Félix (.2), Ricardo Rincón (.1) y José Silva que logró su décimo noveno rescate. Ortega (4–4) laboró 8 rollos, admitiendo sólo ese hit y carrera. José Cobos sacó los 3 tercios finales. Par de hits, fue todo… MUCHAS GRACIAS