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Vicente Romo, un “Huevo” oro

VIcente Huevo RomoLos expertos y analistas del beisbol mexicano consideran a Vicente Romo Navarro como el mejor lanzador derecho de todos los tiempos. En los diamantes nacionales se le conocía como el “Huevo”. Su carrera deportiva fue tan abundante que desde 1992 es miembro del Salón de la Fama del Beisbol Mexicano.

Romo es oriundo del municipio de Santa Rosalía en el estado de Baja California, donde nació el 12 de abril de 1943. Cuentan las anécdotas familiares que su gusto por el beisbol comenzó a temprana edad, por ahí de la edad de 9 años. Fue en la ciudad de Guaymas cuando visitó el estadio Abelardo L. Rodríguez, que se enamoró del deporte de su vida.

 

El lanzador del primer juego perfecto

Como jugador profesional, a Romo se le recuerda en los anales de la historia como el pitcher que lanzó en Liga Mexicana del Pacífico (LMP) el primer juego perfecto del circuito, sucedido el cinco de enero de 1971, entre Yaquis de Ciudad Obregón, frente a los Ostioneros de Guaymas, con pizarra de doce carreras a cero, a favor de Obregón.

Dicen las crónicas deportivas de la época que Rubén “Negro” Estrada fue el anotador del partido, mientras que Alfonso Araujo Bojórquez narró las incidencias del histórico encuentro vía ondas hertzianas a Ciudad Obregón y hasta el Valle del Yaqui. El encuentro comenzó a las 12:38 y terminó a las 15:08 horas.

Pero diez años antes, en 1961, el temperamental “Huevo” Romo lograría lanzar el primer sin hit y sin carrera de la LMP, entonces llamada Liga Invernal de Sonora. Y lo hizo junto con Emilio Ferrer, vestido con la casaca de Ostioneros de Guaymas. Ese mismo año fue designado el “Novato del Año”.

En ese encuentro el popular “Huevo” Romo fue descubierto por el cazador de talentos Corito Varona, el buscador que realmente descubrió a Fernando “Toro” Valenzuela.

 

Lo descubrió Corito Barona

Corito Varona

“Tenía 17 años cuando el cubano Corito Barona me vio lanzar en Guaymas y le gustó mi estilo, yo era un novato con el equipo Ostioneros y estaba lanzando el primer sin hit de la liga, porque vino a batear un señor que le decían “Huateque”, pero le dio un bolazo en el brazo al pitcher (Emilio Ferrer) y yo continué”, relata a Pelota Pimienta.

En esa entrevista “Huevo” Romo recuerda que su gusto por el beisbol comenzó cuando tenía 9 años y su familia se mudó al puerto de Guaymas donde hacía una que otra travesura en el estadio Abelardo L. Rodríguez. Y así se lo describió a Pelota Pimienta: “Miraba el estadio de Ostioneros y me metía a robar pelotas para jugar, de allí empezó mi inquietud por el beisbol y me dije que algún día iba a ser beisbolista”.

En la Liga del Pacífico, Romo tuvo números de 182 triunfos y 143 derrotas. Recetó 2038 ponches. Otro dato que dejó para los libros fue la marca de 99 entradas y dos tercios sin permitir carrera. Representó a México en 9 Series del Caribe con Hermosillo, Obregón y Culiacán. En el verano, durante su estadía en la Liga Mexicana de Beisbol (LMB) logró 182 victorias a cambio de 106 descalabros y abanicó a 1857 bateadores. En LMB, su currículo deportivo nos dice que jugó de 1963 a 1986 con Tigres, Córdoba, Coatzacoalcos, Diablos y terminó su carrera de activo con Yucatán.

El mote de “Huevo” se debía a su rostro. En sus años de adolescencia y juventud tenía una cara larga y un cuerpo delgado. Sus habilidades deportivas lo llevaron a Major League Baseball (MLB).

 

Su paso por las mayores

 

Hizo su debut en Grandes Ligas el 11 de abril de 1968, a los 25 años de edad, lanzando como relevista en la novena entrada por los Dodgers de Los Ángeles, en un duelo contra New York Mets. Enfrentó a cinco bateadores, admitió 1 hit, una carrera sucia, uno dejado en base y un error cometido por él mismo. La victoria ese día fue para los Metropolitanos por 4 carreras a 0. El juego tuvo como sede la casa de los Dodgers.

Al hablar sobre su incursión en las Ligas Mayores, ha expresado que fue muy duro, lamentablemente. “A mí me tocó el racismo, aunque se mostraba más hacia los morenos, y no se me dieron las mismas oportunidades que hoy se dan en día al pelotero mexicano, ya que preferían al pelotero estadounidense, pero gracias a un Fernando Valenzuela y un Teodoro Higueras, fueron quienes abrieron las puertas para que se dieran cuenta que sí había talento mexicano”.

Sin embargo, considera que su paso por las Ligas Mayores fue más positivo que negativo, a pesar de los obstáculos en el camino. Tuvo oportunidad de abrir juegos cuando estuvo con Medias Rojas de Boston durante la temporada de 1970, donde lanzó en 10 encuentros de los cuales ganó 7 y al siguiente año fue cambiado a los Medias Blancas de Chicago.

Del equipo californiano pasó a Cleveland Indians, para seguir en ese mismo año, a Boston Red Sox (1969). Siguió a Chicago White Sox (1971), San Diego Padres (1973). Retornó a Liga Mexicana en 1975, para terminar su carrera de Grandes Ligas con Dodgers en 1982.

En 8 años por MLB, Romo Navarro dejó en su libro de estadísticas personales un récord de 32 triunfos y 33 perdidos. 3.36, fue su promedio de carreras limpias, en 335 juegos que participó. Comenzó 32 juegos y completó sólo 4 en 645 entradas y dos tercios. Aceptó un total de 569 hits. Regaló 280 Bases por Bola y ponchó a 416 bateadores.

En su último juego de MLB, el sudcaliforniano lanzó sólo una entrada y un tercio, con la franela de Dodgers. Permitió 3 hits, 2 carreras (limpias). Regaló un pasaporte a la primera almohadilla y abanicó a un contrario. El juego tuvo efecto en el Candlestick Park de San Francisco, en un duelo contra los Giants, con fecha de 27 de julio de 1982.

La historia pudo haber sido de otra manera. Romo Navarro se convirtió en lanzador por casualidad. Su posición natural era defender la tercera base, pero un día, cuando estaba en un choque de segunda fuerza, un pitcher se ausentó y se fajó en la labor y fue entonces cuando se descubrió su talento nato desde la lomita de las responsabilidades.

 

Un gran orgullo

De lo que le quedó de su paso por el beisbol, así lo dice: “Siento muy bonito haber sido uno de los pitchers en el primer juego sin hit ni carrera y el primer lanzador en tirar un juego perfecto y esos encuentros ya Dios los pone en el destino, 27 hombres en línea y no toquen primera base, es un gran reto (…) Es muy bonito que me han hecho muchos reconocimientos y gracias a Dios que han sido en vida, lo disfruto con mi esposa, mis hijas y mis nietos”, concluye en entrevista a Pelota Pimienta.

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