ACADEMIA DE BEISBOL CHARROS DE JALISCO

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Muchos sueñan con ser profesionales, algunos juegan por diversión y otros tomarán el bat por primera vez, pero todos tienen algo en común: las enseñanzas que reciben les servirán más allá del diamante y serán para toda la vida.

Se trata de los alumnos de la Academia de Beisbol Charros de Jalisco, quienes desde hace poco más de un año se entrenan en aspectos que trascienden al deportivo y que tienen que ver con la concentración, la disciplina, el trabajo en equipo y el respeto al rival.

«Es una escuela de formación, nos encargamos de formar buenos muchachos, de que tengan respeto, dedicación, disciplina, además de las mecánicas de bateo, de fildeo, de cómo tirar la pelota. Es un proceso de selecciones que van a (competir a nivel) Jalisco, nacionales, Williamsport».

«En primer lugar, (se les inculca) hacer el deporte con ese amor que cada quien debe tener hacia él, adquieren fuerza, flexibilidad, conocimiento. Su mente trabaja mucho porque una cosa es que “no, pues nomás están esperando a que les llegue una pelota”, no, su cabeza está funcionando con el coach de fildeo, el de pitcheo, qué jugada van a mandar. Su cabeza está trabajando todo el tiempo», cuenta Julio Santos, coach de fildeo y de bateo de la Academia de Lagos de Moreno.

A la par de los aspectos técnicos y tácticos del beisbol, existe un acondicionamiento físico con la intención de que, si el alumno reúne las habilidades y aptitudes necesarias, pueda desempeñar este deporte a nivel profesional.

«Hemos tenido muy buenas experiencias, algunos (alumnos) ya están en Ligas Mayores, varios en Liga Mexicana, muchos niños de 15 y 16 años ya están enrolados con equipos de Liga Mexicana. En septiembre van a ir algunos; otros ya están ahí».

«De aquí se sacan muchos jugadores para Jalisco, han mostrado mucha experiencia, se han traído muchos primeros lugares, segundos, terceros, a pesar de pelear con equipos de Monterrey, de otros lugares, que tienen años trabajando con los niños y hemos estado a la par con ellos, al tú por tú, no nos hacemos menos», añade Santos.

Actualmente, la Academia tiene tres sedes: Lagos de Moreno, Jalostotitlán y Zapopan, esta última cada vez con mayor demanda —cuenta con casi 270 alumnos— a raíz del retorno de los Charros de Jalisco al beisbol profesional y la incorporación como director deportivo del experimentado Luis «Rayo» Arredondo.

«Lo primero es formar atletas. Es fundamental que sean atletas, fuertes físicamente para que puedan desarrollar el beisbol con mayor facilidad, es la base para que el niño pueda crecer, desarrollarse y tener mayor habilidad dentro del beisbol, eso es lo que nos ha llevado al éxito con los niños», afirma «El Rayo» entrevistado por Los Peloteros.

En la Academia se recibe a todo aquel que desee involucrarse en la práctica del juego de pelota, sin importar si ya cuenta con las bases para hacerlo o llega en blanco en cuanto al conocimiento y el desempeño del mismo.

«Los primeros días fueron difíciles, había niños que nunca habían visto beisbol, entonces para mí y mi cuerpo técnico fue un poquito complicado, había qué tener demasiada paciencia con los niños y estar todos los días con las mismas enseñanzas, cómo agarrar una pelota, cómo agarrar un bat, muchos no sabían ni para dónde correr».

«Sin embargo, el trabajo ha sido fundamental para que puedan tomar un buen nivel, estamos por tener nuestra propia liga en Guadalajara y creo que va a ser un éxito porque los niños van a demostrar lo que han aprendido en Charros. De haber empezado de cero, ahorita ya están al 70, 80 por ciento de su nivel», sostiene Arredondo.

Y aunque podría pensarse que la exigencia es menor por tratarse de niños que van de los 5 a los 14 años, en cinco categorías, el director deportivo aclara que el trato y el entrenamiento es similar al de un profesional e incluso superior, ya que es cuando se sientan las bases para el futuro.

«Son profesionales, la única diferencia es que no cobran, pero ellos suben y bajan escaleras, corren dos o tres vueltas, están totalmente en crecimiento, su rutina en cuestión de agarrar rolas, fildeando, bateando, es como si lo hiciera un profesional», reconoce.

Lo mismo ocurre cuando las que se presentan a jugar son niñas, pues a decir del «Rayo» asimilan muy bien las indicaciones y «juegan excelente, juegan al parejo de los niños, ahí no hay diferencia, y eso nos ha funcionado. Las mamás están felices, nos siguen llevando niñas y con mucho gusto las recibimos».

Un ingrediente que no puede faltar es la disciplina y el expelotero es firme en ese sentido. El trabajo, advierte, es bajo presión; si los niños van a su ritmo, la práctica no fluye. La intención es que todos trabajen en el mismo canal.

«Ellos tienen media hora de entrenamiento y una hora de juego, y en ningún lado se juegan 9 o 10 entradas en una hora. La única forma es traerlos en urgencia. Se hacen los tres outs y (salen) corriendo para batear, y los que están fildeando, tienen que salir corriendo también».

«Deben acostumbrarse a jugar un beisbol dinámico, un beisbol alegre, un beisbol diferente del que se juega, en el que todos van caminando, van suave… No, no, no. El beisbol no es así, el beisbol es de actitud y los niños lo demuestran», argumenta.

Arredondo no exagera al pronosticar que, con el trabajo que se viene desarrollando y la habilidad que muchos de los peloteritos han demostrado a su corta edad, pronto tendremos la oportunidad de ver a varios de ellos en alguna de las ligas mexicanas o, por qué no, en la Gran Carpa.

«Yo he estado viendo a algunos niños que tienen demasiada habilidad, desde los de 7 y 8, 9 y 10 y algunos de 11 y 12, es increíble la forma en que han ido avanzando. Ya tenían la habilidad, pero no las bases para crecer como jugadores».

«Ahora que tienen las enseñanzas, los ves batear, los ves correr y te impresiona, porque viste cómo llegaron, cómo estuvieron a mitad de curso y cómo están ahorita. Lo que nos hemos propuesto es trabajar igual, en el mismo canal y con las mismas ganas».

Para detectar a los charritos con aptitudes y pulir su talento, la directiva del Club ya planea un campamento en el cual se les dará seguimiento con el objetivo de convertirlos en prospectos. También formará parte de la labor de la Academia.

«Tenemos un proyecto muy bueno para los niños con mayor habilidad, seleccionar a los que tenemos en Lagos, en Guadalajara, en Jalos, concentrarlos y darles un entrenamiento más intensivo, un poco más arriba para que puedan tener la oportunidad de jugar beisbol profesional».

En Zapopan, además de Arredondo, colaboran Roberto Castellón Jr., Alejandro Arrezola y el pitcher profesional de Saraperos de Saltillo y Rieleros de Aguascalientes, Luis Macedo; además, están Raúl Dueñas, quien estudia medicina deportiva, y Roberto Méndez, exjugador y actual coach del primer equipo.

Debido al interés que han mostrado los papás y los niños de otras partes de la ciudad y del interior del estado por pertenecer a la Academia, ya se analiza la posibilidad de abrir más sedes en zonas como la Unidad López Mateos, Arandas y Puerto Vallarta.

«QUIERO SER UN GRANDE»

Benito es un pequeño que integra la Academia de Beisbol de los Charros en Lagos de Moreno. Acudió porque su familia, dice, tiene muchos años practicando este deporte. Gracias a la Academia, ya le tocó visitar el Estadio de los Charros, donde se emocionó con la alegría que ahí se vive y viendo «cómo se juega en las ligas más grandes».

«(Me siento) muy bien, me ha gustado el beisbol y nuestros entrenadores nos han apoyado mucho. Empecé a correr, a soltarme el brazo. Lo primero que hacemos es correr y estirar para no lastimarnos».

La posición favorita de Benito es la de shortstop. Cree que es una de las más importantes en el beisbol. Su jugador favorito en las Grandes Ligas es el toletero de los Dodgers, Adrián González; de los Charros, al que más admira es a Japhet Amador. «Le pega muy duro a la pelota», cuenta.

«(Mi sueño es) ser beisbolista profesional, es mi deporte preferido y quisiera ser un grande».

DESTACA ENTRE LOS NIÑOS

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Entre las varias gorritas azules que pintan el campo de la Academia de los Charros en Lagos de Moreno, una sobresale por su cabellera larga. Es Fanny, la única mujer de su categoría, quien entrena al mismo ritmo que sus compañeros.

«Es la misma rutina (para las niñas) que para los hombres, y sí es pesada. (Hay que) calentar los brazos, correr», describe la peloterita charra, a quien le gustaría sobresalir como mujer jugando al beisbol.

Su papá juega y a ella le llamó la atención, pues desde chiquita lo ha seguido en el terreno de juego. Su posición favorita es la de fielder. «Me gusta cachar las pelotas de globito», dice entre risas.

«Desde chiquita me ha gustado, pero es la primera vez que me meto y son puros hombres», añade, y no duda cuando se le pregunta si invitaría a más mujeres a interesarse en la práctica de este deporte. «Claro, las invito a formar parte de la Academia y a que conozcan el beisbol, porque de las mujeres a casi nadie le gusta».