Yogi Berra el yankee de cepa

El 23 de septiembre quedó grabado entre los aficionados al beisbol como un día de luto. Se fue al equipo celestial, el emblema más grande como jugador de New York. Nos referimos a «Yogi» Berra, un Yankee de cepa.

Por consecuencias naturales, a los 90 años de edad, en su casa de New Jersey, Lawrence Peter «Yogi» Berra dejó de existir y continuó al mismo tiempo su leyenda, ahora como inmortal.

Al irse, Berra dejó frases y anécdotas que se hicieron tan famosas que se recogieron en un libro cuyo título era toda una declaración de principios: El libro de Yogi. «No he dicho todo lo que he dicho». Y entre los aficionados, la que más se recuerda es «Esto no se acaba hasta que se acaba».

Con «Yogi» Berra, se resume en gran parte la historia de Estados Unidos. Fue hijo de modestos inmigrantes italianos, empezó su carrera antes de la Segunda Guerra Mundial. A los 18 años entró a la naval. Firmó como profesional con los Yankees en 1942 y estuvo activo, como jugador o como entrenador, hasta 1985.

Fue un mal estudiante, gran deportista, según recuerdan sus historiadores. En 1947, comenzó a jugar en las ligas principales, tras ser fichado por los Yankees y se convirtió en un símbolo del deporte al que dedicó toda su vida.

Dentro del campo, se convirtió en una leyenda y es considerado, por muchos jugadores y cronistas que lo vieron o enfrentaron como uno de los mejores receptores de todos los tiempos. Y tal vez se queden cortos. Fuera del diamante se ganó el cariño de la afición gracias a su excepcional sentido del humor.

Berra ayudó a su equipo a llegar a 14 World Series (Series Mundiales) durante sus 18 temporadas en el Bronx. Y ganó 10. Sí, tenía un anillo de campeón para cada uno de sus dedos. Disputó más juegos de Series Mundiales que ningún otro jugador en la historia de las mayores. Tres ocasiones fue nombrado como el Jugador Más Valioso (MVP) de la Liga Americana (AL). En 1956, para ser exactos, el 8 de octubre en el quinto juego contra Brooklyn Dodgers, se consiguió el único juego perfecto en la historia de las Series Mundiales y después del último out saltó a los brazos del pitcher Don Larsen. El famoso momento fue inmortalizado en fotografías publicadas en diarios de todo el mundo. El partido finalizó 2–0 a favor de la escuadra neoyorquina. Y la Serie al final fue para los Mulos de NY por 4 juegos a 3.

Por cierto, el guante que utilizó para atrapar la pelota durante el juego perfecto de Larsen se conserva en la Universidad de Nueva Jersey donde esa casa de estudios le puso su nombre a su estadio de futbol, en el anexo al Museo «Yogi Berra» que abrió sus puertas en 1998.

Berra jugó para los Yankees entre 1949 y 1965. Entre sus compañeros estuvieron miembros del Salón de la Fama como Joe DiMaggio, Mickey Mantle y Whitey Ford.

En 1964 se convirtió en mánager de los Yankees. Logró obtener el banderín de la liga, pero perdió la serie mundial frente a los Cardenales de San Luis en siete juegos. El año siguiente pasó a New York Mets como jugador y entrenador.

Los números que dejó al concluir su carrera profesional fueron de .285 de promedio de bateo. Pegó 358 cuadrangulares e impulsó 1,430 carreras. Ese registro es una marca vigente de todos los tiempos para un jugador en la posición de receptor.

También estableció un promedio de 5.5 ponches por cada 100 turnos al bate y nunca fue ponchado más de 38 veces en una temporada. Su promedio de 102 carreras impulsadas durante 11 campañas consecutivas que comenzó en la de 1948, la primera que disputó 100 o más partidos.

En 1972 se convirtió en mánager de los Mets. Con ellos logró, la temporada siguiente, el banderín de la división; a pesar de que en el último mes estaban en último lugar. Tuvo otro regreso a los Yankees como mánager a finales de 1976, otro en 1984 y parte de 1985. Desde 1986 a 1992 fue entrenador de los Houston Astros. Participó 15 veces en el Juego de Estrellas y fue electo al Hall of Fame (Salón de la Fama) ese mismo año de 1972.