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El primer juego perfecto en México

ramiro cueva

La más grande hazaña del beisbol para un pitcher, es lanzar un juego perfecto. Aquel donde se domine de principio a fin, durante nueve entradas a la novena de enfrente. Es salir en hombros como los toreros, al realizar un indulto. Como hacer un Hat Trick, entre los futbolistas.

Lanzar un juego perfecto, es la noticia en los diarios. El asombro de los rivales y la admiración de los propios. No es fruto diario. No se dan tampoco en maceta. Son capítulos deportivos, para la historia.

Por ello, si un juego perfecto hoy día causa admiración, imaginemos lo que causó el primero de la historia en los diamantes mexicanos. Para ello, nos remitimos, gracias a las crónicas deportivas, al miércoles 14 de agosto de 1953, en hoy extinto Parque Delta de la Ciudad de México. Sobre la grama del diamante capitalino, saltaron a jugar los Tecolotes de Nuevo Laredo y el cuadro local de Diablos Rojos de México.

“Aquella noche fría”, relatan las crónicas del juego, las tribunas lucían casi desérticas. Los valientes que se postraron en las gradas jamás pensaron que verían un juego perfecto.

Adolfo Luque, manager de la novena visitante, programó para ese duelo al joven pitcher Ramiro Cuevas Guzmán, originario de la comunidad del Ébano, San Luis Potosí y orgullo de la misma, donde nació el 28 de mayo de 1928.

Aquel partido culminó con pizarra de 1-0 favor de los Tecolotes, quienes a la postre se alzaron con el cetro de la temporada. En ese duelo, Guzmán comenzó a retirar en orden a sus enemigos.

El box score de ese encuentro, nos dice que los 27 outs fueron así: 1 elevado de foul al catcher; 1 elevado a la 1ª base; 1 elevado a la 2ª base; 1 línea a la 2ª base; 1 rodado a la 2ª base; 5 rodados al shortstop. Cinco rodados a la tercera base; 1 elevado al jardín izquierdo; 6 elevados al jardín central; 2 elevados al jardín derecho y 3 ponches.

El pelotero con sonrisa de niño, lanzó para cero carreras, cero hits, cero errores, cero dejados en base, por poco y lo hace también ante cero aficionados.

 

Dos juegos perfectos más

Pero la hazaña hecha en la Liga Mexicana, no fue la única. El pitcher potosino registró otras dos en su carrera. La primera en la Liga del Golfo, previo a su incursión a la hoy LMB y la tercera, en la otrora llamada Liga Costa del Pacífico.

El 6 de febrero de 1949 a los 21 años de edad en su segundo año profesional con el Club Ebano, blanqueó a los Cañeros de Cuidad Mante con pizarra de 2 carreras a cero. En 1954, el 29 de octubre, ingresó a los libros de récords de la Liga de la Costa del Pacífico, cuando lanzando para los Charros de Jalisco, volvió a realizar la hazaña. En esa ocasión dejando sin hit ni carrera a los Mayos de Navojoa, ante un delirante público que llenó esa noche las tribunas del Estadio Tecnológico de Guadalajara.

En la Liga Mexicana de Beisbol, Cuevas Guzmán, jugó durante 10 temporadas. De 1949 a 1951 con Tuneros de San Luis Potosí; Diablos Rojos del México (1952); de 1953 a 1955 con Tecolotes de Nuevo Laredo; Monterrey (1956); Rojos del Águila de Veracruz (1957) y finalizó en 1959 con Petroleros de Poza Rica.

 

En el salón de la fama del béisbol Mexicano

Salon de la fama

Sus estadísticas fueron de 80 ganados y 71 perdidos, con 3.85 en Porcentaje de Carreras Limpias Aceptadas. Participó en 260 Juegos con 127 encuentros iniciados, 65 completos, 5 blanqueadas. Lanzó 1.292 innings, admitió 1.433 hits. Le anotaron 553 carreras (315 fueron limpias). Regaló 470 base por bolas, 428 ponches y 28 golpeados.

Veinte años más tarde, en 1973, Ramiro Cuevas ingresó al Salón de la Fama del Beisbol Mexicano. Sus números no son muy impresionantes, como se leen líneas arriba, pero se ganó el derecho de ser un inmortal de la pelota mexicana, por sus tres juegos perfectos y ser el primero en hacerlo en LMB.

Ramiro Cuevas Guzmán, murió el 11 de abril de 1987 en Nuevo Laredo, Tamaulipas.

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