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El admirado “Almirante” Barrera

Nelson “El Almirante” Barrera
Nelson “El Almirante” Barrera

El domingo 14 de junio del año 2002, el beisbol mexicano recibió una de sus más tristes noticias. Esa tarde lluviosa, en la ciudad de Campeche fallecería de manera trágica en un accidente casero, uno de los más peloteros aztecas de todos los tiempos. Electrocutado en su propia residencia, Nelson Barrera perdió la vida a los 45 años de edad.

Jugador insignia de los Diablos Rojos del México, en sus años de gloria deportiva, Nelson Barrera Romellón, su nombre completo, nació el 17 de octubre de 1957, en la misma ciudad donde fallecería.

El tiempo y la distancia, a casi trece años de no estar presente, Nelson Barrera, nos llevan al recuerdo.  El beisbol nos hace revisar sus anales históricos, para entender las hazañas pasadas y comprender el presente.

El “Almirante” Barrera, como se le conocía en el Rey de los Deportes, dejó como legado deportivo, en 26 años de pelota profesional (2,738 juegos y 9,850 ocasiones al bate), dos récords difíciles de igualar dentro de actual Liga Mexicana de Beisbol (LMB).

Uno, el de más jonrones, con 455 y el de más carreras producidas, con mil 927. Ello y su brillante trayectoria por los diamantes nacionales lo llevaron directo a ser Integrante del Salón de la Fama de nuestro país.

Llegó a jugar prácticamente todas las posiciones a la defensiva. Sin embargo, pasó a la historia, por su poder con el madero, de ahí el récord que posee, descrito líneas arriba. Barrera siempre estaba listo con el bate para decidir juegos clave y producir carreras de manera oportuna, en favor de su escuadra.

Barrera debutó en la LMB en la temporada 1977 con Diablos Rojos. Después jugó con Tecolotes de los Dos Laredos en 1981 y 1982. Posteriormente regresó con la pandilla roja, donde consiguió sus primeros tres campeonatos en los años de 1985, 1987 y 1988. En 1987, con la novena escarlata, fue la temporada que más batazos de cuatro esquinas conectó, con 42.

Además de jugar en la LMP, lo hizo en la Mexicana del Pacífico (LMP) con tres novenas distintas, durante 15 temporadas. Ahí en el beisbol invernal, defendió las casacas de los Tomateros de Culiacán, Potros de Tijuana y Mayos de Navojoa. Donde no tuvo suerte fue en Major League Baseball (MLB) dónde en 1985 fue contratado por los Chicago White Sox, con quienes jugó sólo para su escuadra de clase AAA. Regreso con más que con gloria.

Barrera Romellón, el clásico número 16 en los dorsales sobre su franela, además de ser monarca con la Pandilla Escarlata, fue campeón con Guerreros de Oaxaca (1998) y Águilas de Mexicali  en la Serie del Caribe de 1986.

barrera

Por su fuera poco, lo redactado anteriormente. Nelson Barrera también dejó estos números en su trayectoria. Bases totales de por vida: 4,872. Ponches de por vida: 1,500. Home Runs con las bases llenas de por vida: 13. Carreras producidas para un jugador mexicano en una temporada: 134. Home runs en un juego de 7 entradas: 3.  Juegos jugados de por vida (segundo): 2,738. Veces al bate de por vida (segundo): 9,850. Hits de por vida (segundo): 2,937. Hits dobles de por vida (segundo): 464. Elevados de sacrificio de por vida (segundo): 104

Como un homenaje a su trayectoria deportiva, desde el 22 de marzo del 2001, el parque de Pelota de Campeche, antes llamado Venustiano Carranza, lleva el nombre de Nelson Barrera Romellón como homenaje al más grande beisbolista campechano de todos los tiempos. El primer juego del ese escenario fue entre los Piratas, equipo local, también conocidos como los “Filibusteros” ante los Olmecas de Tabasco en el partido inaugural de la temporada 2001 de la LMB. Ahí mismo y como parte de los homenajes de la LMB a Barrera, en el año 2013, se jugó la edición 71 del Juego de las estrellas de la Liga.

En pocas palabras, Nelson Barrera era un pelotero amado u odiado. La afición le rindió siempre pleitesía. Sus equipos (principalmente el México) le reconocían con aplausos y sus contrarios (en especial los de Tigres) con los gritos que intentaban desconcentrarlo, lo que pocas veces lograban. El “Almirante” siempre fue una amenaza para los pitcher contrarios y una garantía en la defensa.

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