Lou Gehrig

Sólo la esclerosis lateral amiotrófica, esa rara enfermedad, pudo cortar un récord de dos mil 130 partidos consecutivos en el roster estelar de un equipo al que no cualquiera llega como los Yanquis de Nueva York.

Debido a que sólo la enfermedad pudo con ello, se retiró el número cuatro de las franelas del popular equipo de beisbol, por primera ocasión en la historia.

Por eso no es gratuito que el reto de echarse un balde de agua fría o donar determinada cantidad como apoyo para quienes la padecen se haya hecho tan popular.

Dicen que es un dolor como un balde de agua fría.

Y sólo un tipo de ese tamaño al que apodaban “El Caballo de Hierro” sirvió para bautizarla como “la Enfermedad de Lou Gehrig”. Así de rara era la esclerosis lateral amiotrófica que también es conocida como enfermedad de Charcot por el médico francés que la describió por primera vez en el año 1869.

El jugador, uno de los mejores peloteros que haya pisado alguna vez un campo de beisbol, falleció el 2 de junio de 1941, a los 37 años. La enfermedad sigue cobrando víctimas.

Estaba en la edad de riesgo porque la enfermedad afecta especialmente a personas de edades comprendidas entre los 40 y 70 años, más frecuentemente en varones, aunque no entre las probabilidades porque cada año se producen sólo unos 2 casos por cada cien mil habitantes.

Sin que se sepa la causa concreta, la esclerosis lateral ha afectado también, en ocasiones, a grupos de personas como jugadores de futbol italiano (como el caso emblemático de Stefano Borgonovo), veteranos de la Guerra del Golfo y habitantes de la isla de Guam, de acuerdo al libro de Neurología de Zarranz.

Antes de la enfermedad, la historia de Gehrig es fascinante: nació en Manhattan el 19 de junio de 1903, hijo de inmigrantes alemanes, ambos trabajaban en la Universidad de Columbia y cuando su muchacho Henry Louis (Lou) terminó la escuela de comercio, consiguió inmediatamente una beca para ir a Columbia, donde se le facilitó su entrada gracias a sus excelentes herramientas para jugar beisbol y futbol americano.

A decir del periodista deportivo Óscar Alonso Delgado, “un día dio un jonrón tan largo que se llevó la barda, pasó por encima de la calle 116 y fue a parar a las puertas de la biblioteca de la universidad. Para su fortuna, en las gradas estaba sentado el buscatalento de los Yanquis de Nueva York, Pal Kricheel, quien no iba a dejar pasar la oportunidad de llevarse a ese muchacho a su equipo.

“Encontré otro Babe Ruth”, afirmó el scout.

En la historia, Lou Gehrig suplió a Wally Pipp, en la primera base de los mulos.

Pipp le dijo el primero de junio de 1925 al manager de los Yanquis que se sentía un poco mal, que el dolor de cabeza no lo dejaría jugar ese día, por lo que Miller Higgins tuvo que colocar al joven Gehrig en la inicial.

“Se debió haber tomado una pastilla más fuerte, pero él no sabía que un simple dolor de cabeza lo dejaría prácticamente sin trabajo”.

De ahí en adelante, Lou se mantuvo en juego durante dos mil 130 partidos consecutivos, mientras Pipp estuvo relegado a la banca, a pesar de que antes del dolor de cabeza había consumido 183 turnos y bateaba .244 con tres jonrones, luego de que se le quitó la dolencia bateó sólo 17 veces más.

Al año siguiente, escribe Alonso Delgado, “fue cambiado a Cincinnati donde se mantuvo tres años más, antes de retirarse del beisbol. Desde que le dieron la oportunidad de jugar, Gehrig cerró ese año 1925 con 497 turnos más, 20 jonrones, 10 triples, 68 remolcadas y un average de .295. Nada mal para un muchacho que tenía dos años en la banca esperando que a alguien le doliera la cabeza”.

Lou Gehrig se retiró en 1939 y su número (4) fue el primero en ser retirado por cualquier equipo deportivo en la historia. Entró al Salón de la Fama como una elección especial en 1939.

El resto de carrera fue impresionante, se mantuvo en las mayores durante 15 años más, coleccionó 493 cuadrangulares, remolcó 1992 carreras, bateando atrás de “Babe” Ruth hizo desastres, formó parte de la Lista Asesina de los Yanquis de 1927.

Su marca de dos mil 130 juegos consecutivos fue superada hasta 1995 por Cal Ripken, quien impuso un nuevo récord de dos mil 632 en 1998.

Gehrig pronunció el discurso más emotivo en la historia de las Grandes Ligas.

Imaginen por un momento el escenario: Yankee Stadium, 4 de julio (Día de la Independencia), taquilla llena, y uno de los más grandes jugadores de todos los tiempos debilitándose día a día, cuando aún se podía mantener en pie. Se paró frente al micrófono y se despidió del beisbol, sus compañeros y sus fanáticos:

“Amigos, las últimas dos semanas han estado leyendo acerca de la mala suerte que tengo. Sin embargo, hoy me considero el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra. He estado en estadios de beisbol durante diecisiete años y nunca he recibido nada más que la bondad y el ánimo de los aficionados.

“¡Miren a estos hombres magníficos! ¿Quién de ustedes no lo consideraría como el más grande momento de sus carreras el jugar con ellos por al menos un día? Estoy seguro, soy afortunado. ¿Quién no consideraría un honor haber conocido a Jacob Ruppert. También al constructor del imperio más grande del beisbol, Ed Barrow? Haber pasado seis años con ese compañero maravilloso, Miller Huggins. Luego, haber estado nueve años con ese líder excepcional, ese estudiante inteligente de la psicología, el mejor mánager del beisbol de hoy, Joe McCarthy. Seguro, soy afortunado.

“Cuando los Gigantes de Nueva York, equipo por el cual tú darías tu brazo derecho con tal de derrotarlo, te envían un regalo, eso significa algo.

“Cuando hasta los jardineros y los niños en batas blancas te recuerdan con trofeos, eso es algo.

“Cuando tienes una suegra maravillosa que toma partido contigo en las disputas con su propia hija, eso es algo.

“Cuando tienes un padre y una madre que trabajan toda su vida de modo que puedas tener una educación y construir tu cuerpo, eso es una bendición.

“Cuando tienes una esposa que ha sido una torre de fuerza y ha demostrado más valor de lo que soñaba existía, eso es de lo mejor que conozco.

“Así que termino diciendo que puede que esté pasando por un momento difícil, pero tengo un montón de cosas por qué vivir. Gracias”.

El momento difícil era la enfermedad de Charcot que desde entonces se conoce como la enfermedad de Lou Gehrig.

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